13 de febrero de 2016

He tardado dos años en ponerme en contacto con vosotros a través de mi página Web. Ha sido un tiempo de mucho trabajo y grandes emociones, en el que he publicado mi novela titulada Bahnhofstrasse, (en alemán: calle de la estación) y he escrito un libro de cuentos para niños, por encargo de varias mamás.

La novela es una historia de amor pasional, de una emigrante gallega en Suiza, ambientada en Zürich en el año 1968. Entonces era yo emigrante en ese país del que guardo recuerdos maravillosos. Y para reafirmarme de que Zürich, seguía siendo la ciudad que yo describo en algunos pasajes de mi novela, he viajado a Suiza y he recordado las emociones de entonces, en las que descubrí que los españoles tenemos un modo de vivir muy diferente. En la actualidad Zürich sigue siendo una ciudad admirable a orillas del lago Zürich (Zürichsee) con sus dos ríos Limmat y Sihl que la dotan de ese encanto mágico que tienen las ciudades con puentes. Sigue siendo una de las capitales turísticas más importantes de Europa y yo diría que del mundo. Después de 40 años de vivencias de todo tipo en mi vida, me sigo reafirmando que Zürich es aquella ciudad maravillosa que ha contribuido a que yo escribiera mi novela Bahnhofstrasse y sigo pensando en que nuestra idiosincrasia de españoles nos hace ser diferentes en la manera de actuar.

Como gran parte de mi novela transcurre en el Hotel Baur Au Lac, me he alojado una noche en ese hotel de gran lujo (cinco estrellas), en el que trabajé durante cinco años. Aquellas vivencias fueron muy importantes en mi vida, porque en Zürich me enamoré y nació mi primer hijo. Pero volviendo al Hotel Baur Au Lac, los recuerdos del pasado y las emociones, no me permitieron dormir. Quizás porque todo era demasiado suntuoso y porque la cama en la que uno duerme a diario es la que nos da la tranquilidad para conciliar el sueño. Así que a pesar de las sábanas de suave algodón, estuve toda la noche sin pegar ojo.

El otro trabajo que me ha tenido en vilo durante más de un año ha sido un libro de trece cuentos para niños. Un trabajo que me ha resultado complicado porque en primer lugar, los cuentos tenían que ser diferentes a los que conozco desde que soy niña.     En segundo lugar, ya lo dijo Ana María Matute que Caperucita Roja era tonta, si no sabía distinguir entre un lobo y su abuela, mientras que finalmente en tercer lugar, leyendo a Luis Alberto de Cuenca en su libro de poemas Cuaderno de vacaciones y en su poema Caperucita feroz me marcó la pauta que los cuentos son tan importantes para los niños que mejor será meditar a fondo lo que se quiere contar.

Los niños, ya están maleados por la violencia en la televisión y en todo lo que nos rodea. Y algunos de los cuentos que he ojeado… en fin, son una auténtica memez, aunque nadie lo diga. Así que yo a mi edad, decidí que mis cuentos tenían que ser fruto de mi espíritu, que bien sé que también está maleado. Pero aún siendo así, mis cuentos tenían que ser del realismo mágico de Fita, del derecho que tienen los animales a vivir, de la defensa del Medio Ambiente que es quien nos sostiene y de las cualidades y los defectos que tienen los niños. En mi libro de cuentos de Los niños del Viento, no se mata a nadie, ni son malos los animales ni los duendes ni los niños.

Mis niños del viento, van de excursión al Castro de Santa Tecla, a una excavación arqueológica al Monte Torroso, a las playas de las Catedrales y a la de la Aguieira, al circo de los Hermanos Ringlin, al monasterio de San Juan de Caaveiro, van al Museo Eugenio Granell, a la granja escuela El Arca de Noé, al Hospital a ver un niño enfermo, al Fallado de la abuela, a Lugo Ciudad cultural, tocan la Flauta mágica, dan manzanas a un Jabalí y sus “Jabitos” y juegan en el Parque del Piti-Can.

No sé si he conseguido escribir un libro de cuentos diferentes, pero si sé que he llorado y me he reído, he estrujado la imaginación buscando situaciones reales y mágicas, que siempre serán más maravillosos que matar a un animal, que por ignorancia siempre consideramos que es malo. Tengo que decir que a pesar de sentirme impotente por no saber a ciencia cierta, si lo que escribía para niños de 2, 4, 5, 6, 7, 8 y 12 años les iba a gustar, tengo la esperanza de que conserven el libro, para leérselo a sus hijos.

7 de julio de 2013

Después de un año intentando encontrar una editorial que apueste por un autor desconocido, he tenido la suerte de que MEUBOOK aceptara colaborar conmigo en la edición de mi nuevo ensayo y una novela. He presentado la 2ª Edición de Bruno, el ensayo Mujeres; Nosotras, Ellas y las Otras y una novela erótica Quince días y dos noches en la Cafetería Zocas, en Santiago de Compostela, los viernes 31 de mayo y 7 de junio por cuestión de aforo.

Tengo que darle las gracias a la Editorial MEUBOOK por su apoyo y porque me ha devuelto la esperanza. He recuperado de nuevo la pasión del principio por la posibilidad de editar a Bruno en su 2ª Edición y otros dos  libros. Solo Dios sabe a dónde llegaré para poder venderlos. Me fortalece pensar que alguien pueda querer saber de mi trabajo si antes aceptó a Bruno, un perro que piensa, por ese principio de incredulidad que existe en la literatura.

Así que, de nuevo estoy aquí y deseo no defraudaros. Aunque Bruno y Mujeres son ensayos considerados trabajos de menor categoría que una novela en la que todo lo que se escribe es inédito, mis ensayos son como la propia vida y en ellos he puesto todo mi corazón y mi intelecto. Espero que las mujeres acepten mi modo de ver las cosas, todos tenemos nuestros puntos de vista pero nadie está en posesión de la verdad.

En cuanto a la novela erótica me ha gustado mucho escribirla, espero que le ocurra lo mismo a quien la lea.  

He vuelto a ponerme en contacto con vosotros dándole un toque a todas las pestañas de mi página web. Quiero daros las gracias, por estar siempre ahí.

Fita Mandado

Motivos

 

 

29 de enero de 2012

Nombre: Josefa de la Esperanza Mandado Estévez.

 

Nacida en Vigo (Pontevedra). Residente en la maravillosa Ciudad de Santiago de Compostela, Patrimonio de la Humanidad. Soy una persona afortunada, he caminado con mis pies paso a paso como diría el poeta, esa ruta excepcional, espiritual o cultural de casi 1.000 Km. del camino Xacobeo desde Francia, hasta esta Ciudad del Apóstol.

 

 Mi biografía, es la de una mujer como la de tantas otras mujeres que tienen inquietudes. La biografía literaria ha sido intensa en los últimos diez años. Escribo por pasión y desasosiego, dos sentimientos que renuevan permanentemente el espíritu. Tengo “demasiados” años para empezar una relación vehemente con los nuevos medios de comunicación ya que jamás, pensé en llegar a tener una página Web, y es que el exceso de conocimiento que supone todo lo relacionado con la informática, no forma parte de mi patrimonio pasional. Si he claudicado ante la vorágine que supone estar al día en un querer comunicarme con todo el mundo es sencillamente porque, he autoeditado mi libro Bruno con el nombre de mi perro.


Desde esta página quiero dar las gracias a todos los que creyendo de alguna manera en lo que escribo, han comprado mi libro.

 

 

Leer y escribir es una necesidad imperiosa del ánimo. La lectura es una pasión que nos abre una puerta a la fantasía, muchos la han abandonado por otros medios modernos de placer en los que las referencias de la historia que se nos relata, su sonido, color, movimiento… son de tal vorágine que, personalmente me parece que todo va en detrimento de nuestro espíritu fantástico que de vez en cuando necesita elucubrar y al mismo tiempo relajarse per se. 



En los últimos 10 años he dormido poco, he escrito bastante y el que me haya decidido a autoeditar un libro en el que mi perro Bruno es la voz de la conciencia, ha sido en primer lugar porque es difícil llegar al mundo editorial y mucho más a mi edad. En segundo lugar, la convivencia y la compañía de un perro ha sido de lo más gratificante. Bruno me ha acercado a la gran problemática de desamparo que tienen los otros dueños de la Tierra: los animales. Todavía no nos hemos dado cuenta que sin ellos y las plantas el hombre no existiría.

 

Me reconforta muchísimo el pensar que alguien pueda disfrutar con Bruno y que no se enfadará conmigo por decir lo que piensa, siempre que el lector acepte el principio de incredulidad en la literatura: Bruno es un perro que piensa; el lobo le habla a Caperucita; Superman vuela…

 

Espero que después de que lo hayais leído lo coloqueis en la librería de vuestra casa, hasta que venga otra persona y pueda leerlo.